jueves, 24 de junio de 2010

Cuestión de fe


El hombre flaco y barbudo le apuntó al otro escuálido con el dedo índice como si fuera una pistola, y le dijo: “Si crees en mí y me sigues, cuando mueras, pues inevitable es que mueras, te llevaré al Paraíso y vivirás feliz por la eternidad, pues yo Soy el que Soy, Yahvé tu Dios, el que te creó. Si en cambio decides no creer en mí y seguirme, pues eres libre de creer o no creer, de hacer y no hacer -para eso te di libre albedrío-, te dispararé con esta mi arma y en un segundo estarás en el infierno, donde arde el fuego eterno, el gusano nunca muere y es el crujir de dientes. De ese lugar de castigo, óyeme bien, no saldrás jamás”. El otro hombre miró el dedo que apuntaba a su cabeza el que proclamaba ser Dios, y se echó a reír. “Déjame, loco. Dios no existe, y de existir, créeme, no serías tú”, dijo, y no tuvo tiempo de sentir la bala destrozando su cerebro.


N.O.N.S./ 2008

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