martes, 20 de diciembre de 2011

De la apestosidad de la vida





















¿Acaso la vida no apesta?
El vacío no se llena
con nada de este mundo,
incluyendo el amor, el sexo,
el alcohol y el cigarrillo.

La juventud se va,
lo veo cada vez
que me miro en un espejo
y veo a antiguos amigos y conocidos
y ellos me ven a mí.

La vida apesta,
y no es solo la mierda que llevamos dentro.
Es trabajar por una miseria
y en algo que ya odiamos.
Es estudiar algo que ya no nos gusta
y no conseguir trabajo.
Es enfrentar el desamor
o ver cómo el amor por la persona amada
se extingue lentamente
y no poder hacer nada
para detenerlo.

Es seguir viviendo
aunque ya no nos guste
y no tener los cojones para matarnos,
y la contradicción
de temer a la muerte
y querer y no querer ser eternos.

Es tratar de recuperar el pasado, de asirlo,
y sentir la impotencia.

Es sentir que todo está peor
y corroborarlo viendo Primer Impacto.

Es matarse lentamente
comiendo mal, viendo como crecen la panza y la papada,
pegados al sillón viendo las porquerías que pasan por televisión.

Es creer y no creer en Dios;
el querer y no poder.

Es la incertidumbre.
Es todo,
la realidad y la imaginación,
la enfermedad y el remedio,
las Panadol y las Lipitol,
el Prozac, las Valiums y el Zoloft.


                                                                         (2006)

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