martes, 5 de noviembre de 2013

Entrevista invisible a Eduardo Lalo
















Eduardo, gracias por aceptar esta entrevista. Quiero comenzar preguntándote ¿qué se siente predicar sobre la invisibilidad y de pronto convertirse en un ser tan visible? Es irónico, ¿no crees? 












Gracias por invitarme a tan excelso "no lugar" que para colmo es invisible. Te respondo. No hay ironía. Si leíste mi libro Los países invisibles -si no lo has hecho no eres invisible pero sí un ser con excremento intelectual- se supone que sepas que la "hipervisibilidad" es un tipo de "invisibilidad". Y yo, con el Rómulo Gallegos, un premio que han ganado autores "invisibles" para mí como Vargas Llosa y Carlos Fuentes, me he convertido en una "Venecia intelectual" o, si quieres, literaria. Ergo, mi hipervisiblidad mantiene mi condición de "Hollow Man", por eso de contaminarme un poco con las clases populares, intoxicadas con la burda cultura de Hollywood. 
















Si usted lo dice... Pero fuera de su concepto de hipervisiblidad, ¿qué extraña de su condición "invisible" anterior al Rómulo Gallegos? 















Te seré sincero. Extraño esa invisibilidad total, aunque en mi país lo continúe siendo. No sé si sabías que la Academia Puertorriqueña de la Lengua realizó un tipo de "Concilio de Nicea" para no felicitarme por tan excelso premio como lo es el Rómulo Gallegos, premio que ganaron seres con una "poética" aborrecible para mí, como Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Fernando del Paso, pero que a su vez ganaron escritores algo pasables como Bolaño y Piglia. Esa conspiración demuestra mi "invisibilidad" esencial dentro de la ciudad letrada puertorriqueña (entiéndase San Juan). Ciudad que he caminado y sigo caminando, a pesar de mi aparente gordura. Y una ciudad de un país invisible al cual yo he "visibilizado" gracias a un premio majestuoso que, aunque lo hayan ganado autores del Boom, a los cuales detesto hasta la náusea -sartreana si quieres-, han gando autores de una visión literaria afín a la mía. Yo, a decir verdad, me he visibilizado (aunque luego me hipervisibilicé para invisibilizarme) para hacer visible a un país que es tan poquita cosa, tan pobre como Haití, dependiente como niño recién nacido o como un vegetal; un parásito, una colonia zarrapastrosa del imperio yankee. Y que no me confundan con un chavista. En lo particular, no me gusta el realismo mágico y menos el populismo mesiánico-transmutable. Para pajaritos que hablan, el Pájaro Loco; una comparación muy pop que me permito para que los lectores me puedan entender y mi mensaje no sea invisible. 
















Disculpe, pero usted no ha contestado mi pregunta. La ha "invisibilizado". La repito, y le ruego que haga invisible por un momento la conspiración de la Academia Puertorriqueña de la Lengua, que todos sabemos que ama el thriller. ¿Qué extraña de su condición "invisible" anterior al Rómulo Gallegos? 















La invisiblidad no es un-no-ser. Es un dasein tachado, ignorado por el canon que gusta de literaturas "monotextuales". Sin embargo, contestaré tu pregunta. ¿Ves ese cuadro que está ahí? 
















Sí, lo veo. No es invisible. 















Extraño precisamente eso, ser un Hollow Man, un hombre (ultra)invisible que pueda mirar un nalgatorio tan exquisito, por caribeño (perdonando la tarjeta postal, que es algo subsanable si retratamos el cuadro en blanco y negro, porque bien sabes que amo el gris. El mundo es gris) y no ser "mirado", "observado", "criticado" por el otro, porque el otro es el infierno -como ya dijo Sartre en Huis Close-. Los hombres caribeños son muy celosos, ¿sabes? Y algunas mujeres incitan a mirar, por su cafretón culipandeo, por utilizar un lenguaje "luisrafaelsancheciano". 
















O reguetonero. 












Yo no escucho reguetón. 
















Disculpe usted. 












No se ofende lo invisible o hipervisible, ¡o ultravisible!, tipos de invisiblidad también, quizá totales, de grado cero, por citar un poco a Barthes, al cual tampoco admiro mucho que digamos porque a pesar de ser invisible, no me quiero morir y todos sabemos los instintos asesinos de Barthes, y añadamos a Foucault, respecto a los autores. Una cosa es ser invisible y otra ser asesinado por críticos franceses resentidos con apariencia chic. Hollow Man puede muy bien morir, como se aprecia en el papel interpretado por Kevin Bacon en la película titulada precisamente Hollow Man. Pero a lo que iba es que extraño mirar sin ser mirado. Es un placer masturbatorio. Además, ahora las chicas con buen nalgatorio como las del cuadro me hacen caso, contrario a la Academia Puertorriqueña de la Lengua, a El País (que dejé de leer) y a los autores que publican sus blogs en El Bomeran(g). Es raro pasar de degustar chumberas francesas y españolas -porque allá era visible pero en la medida en que lo es ese "otro exótico", y allá en esas grandes urbes, yo era ese "otro exótico" que por esa misma condición se me invisibilizaba-, y convertirme de pronto en un objeto del deseo caribeño e hispanoamericano dentro del Caribe e Hispanoamérica es bastante raro porque ya me he convertido en un voyeur y me gusta cosechar el fracaso, que es la invisibilidad del éxito, ahora que lo pienso. Aunque es algo que debo apuntar en mi libreta para estudiarlo mejor. Mi sentencia es preliminar. 
















Dejémosla preliminar... Quiero ir ahora a algo que me ha parecido curioso: ¿por qué en sus entrevistas habla tan mal de Puerto Rico, y más pudiendo ser ciudadano cubano, español o hasta fancés? 












Es que es mi sino. Pude haber sido ciudadano de todos esos países que mencionas, pero hubiera sido visible o, en el caso de Francia, hipervisibe, que como expongo en Los países invisibles es un tipo de invisibilidad. Yo preferí la invisiblidad con sol, en la colonia más antigua del mundo. Vivir la posmodernidad avant la lettre, ese "donde" que es ningún donde pero es un donde; donde ignorado por la cultura letrada internacional, aunque no así en el mundo populachero, cafre, que escucha una salsa de Héctor Lavoe, un reguetón de Daddy Yankee y una balada pop de Chayanne o Ricky Martin. Horrible, en vez de escuchar danzas, tan hermosas, aunque invisibles, como las de Morel Campos. 
















¿Entonces Puerto Rico es una mierda? 












Excrementicio, más bien. 
















Fan de Johanna Rosaly y Marilyn Pupo...












Más de Pupo, que es en la actualidad una "Hollow Woman", si me permites el chiste. Además, ella como yo proviene de Cuba, de la visibilidad a medias, y se crio en este país pobre (Puerto Rico), colonial, a medio hacer, con presos políticos como Oscar López, cuna de escritores vomitivos como Laguerre y de escritores chusmas, que poco o nada tienen que ver con Lezama Lima, Carpentier o Virgilio Piñera. Ni siquiera con Leopoldo Padura. ¿Pero no me preguntarás sobre mi novela, Simone, ganadora del prestigioso premio Rómulo Gallegos, que han ganado premios Nobel como García Márquez y Vargas Llosa, o solo el Cervantes como Carlos Fuentes? 
















Es demasiado mainstream y poco pop, con un lenguaje afectado tipo Univisión. Raro, porque es de la colección Archipiélago Caribe y, por lo que leí, invisibilizaste el español puertorriqueño con palabras como "gafas", "saco", "claxon", "mango", "embotellamiento", entre otras, en vez de escribir "espejuelos", "chaqueta", "bocina", "mangó" y "tapón", que son las que se usan en Puerto Rico. No creo que seas consecuente con tu discurso. 













Al contrario, fui más que consecuente. Un escritor invisible escribe obras invisibles, con lenguaje invisible... 
















Y ventas y reseñas invisibles, por lo visto... 
















Eso fue un golpe invisible, no se vale. Acepto una entrevista con un tipo invisible de un blog inservible, perdón, invisible, y mira cómo me tratas. Mejor me voy a caminar por mi ciudad, San Juan, porque más que puertorriqueño, soy sanjuanero. Ese es mi "donde", mi "país invisible", en donde puedo escribir libros de textos, ir al Burger King de la calle San Francisco a comer comida gringa de colonizados posmodernos; donde puedo caminar con mis pies en esa pluralidad de ciudades e islas con mi deseo del lápiz y encontrar simones lesbianas que son capaces de ir en contra de sus deseos sexuales solo por mi poder invisible de seducción, aunque todo al final sea una inutilidad. Además, tengo que rebajar, porque al parecer mi ejercicio se ha vuelto invisible y, como ves, estoy algo gordito y mofletudo. Adieu. 

















Bueno, se nos fue. Se nos hizo invisible. Hasta la próxima, pues. Nos veremos con alguna otra entrevista invisible.





2 comentarios:

  1. ☺ ¡Gracias, Neftalí y gracias Eduardo!
    No cabe duda que la controversia es difícil de abordar. Me recuerda algo que leí muy distraídamente hace muchos años, de un puertorriqueño de la generación de los ???'s — "Los Renegados." IMPOSIBLE de comprender. ¿Renegados de la Cultura Occidental? La isla flota por su cuenta, ensimismada, alejándose poco a poco de la Cultura Occidental... flota... flota y se aleja!... ¿A dónde irá a parar? FJV

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  2. Gracias por leer y comentar FJV. Aunque no creo que Lalo sea un renegado de la cultura occidental; o sí, pero es que tiene una visión más amplia, creo. Y la isla se aleja, pero no de la cultura occidental, sino que al contrario, se hunde con ella. En fin, tema de café y cigarrillos.

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