jueves, 6 de mayo de 2010

Mierda y nada más


Quiero ser escritor, pero no me salen las palabras, no se me ocurren tramas, historias. Quiero, más bien, ser narrador. Pero cómo ser un Borges, un Vargas Llosa, un Abreu Adorno o un Chandler o un Bukowski. No puedo. Podría escribir sobre mi vida. Partir de ahí, de lo autobiográfico y luego ficcionalizar. Eso hacen la mayoría de los escritores, o al menos lo hicieron Céline, Miller, Kerouac y Bukowski, entre otros, claro. Pero escribir sobre mi vida, bah, si qué vida. Mi vida es aburrida y nada novelable. Apenas he vivido. Mi vida parece una película de esas independientes sobre personas frustradas, donde apenas hay trama y sí mucho monólogo interior. Mucha voz en off. Sí, películas como Sideways, The Weatherman y otras así, de losers. ¿Soy un loser? La mera duda ofende. Claro que lo soy. Por eso estoy frente a esta página escribiendo sobre mi vida en vez de estar escribiendo alguna ficción, o por lo menos algunas memorias interesantes. No, si escribiera sobre mi vida diría: lo concibieron, nació, fue a la escuela, en la universidad obtuvo un bachillerato inservible que lo condena a una vida inservible y por el momento está esperando la muerte. Patético, ¿no? No hay amigos ni novias, sólo algunas putas con ínfulas de actrices porno que gimen como si uno tuviera un aparato de 12 pulgadas, cuando en realidad ni llega a 6 y es hasta difícil vértelo cuando meas. Lo único que hay es mucha observación, muchos libros y muchas películas y sitcoms chatarras. Maldito aprendizaje vicario. Qué hace uno con eso. Vivir, es lo que quiero. Amar y ser amado, por más cursi y clichoso que suene. Coño, si al menos alguien me odiara. Pero cómo me van a odiar, si para eso se necesita al menos actuar, y mis actuaciones en este gran teatro que es la vida se reducen a satisfacer mis necesidades básicas, sólo a eso. Soy un personaje de fondo, un simple extra en donde los demás parecen ser los únicos personajes importantes, sean protagonistas o secundarios. Ese soy yo, el que va camino al baño a defecar, cuando la cámara sigue a esos dos que parecen tener una conversación interesante. Ese soy yo, el que se está metiendo un pedazo de lasaña a la boca mientras la cámara se enfoca en la parejita hermosa que mantiene un diálogo romántico en ese restaurante italiano ni caro ni barato. Y ese soy yo, el que camina cabizbajo por una avenida principal mientras la cámara sigue los pasos de ese triunfador que va rumbo a su trabajo. Quizás tenga problemas, vamos, es la verdad, pero al menos tiene problemas. Yo ni eso. Mi único problema en la vida es que no tengo vida. No trabajo, no tengo amigos y no tengo talento. Si lo tuviera no me molestaría. Tendría todo el día libre para escribir buenas historias, pero no. Me siento frente a la compu o cojo un papel y un lápiz y me quedo allí, lelo, haciendo un esfuerzo mental en vano. Diagnóstico: estreñimiento ficcional. Sí, por lo menos no tengo que preocuparme por un techo ni por la comida y demás cosas: Papi y Mami me las suplen. Dios, patetismo en su máxima expresión. Qué le digo a esa vecinita que tanto me gusta: hola, soy fulanito, tengo 25 años, no trabajo pero tengo un bachillerato magna cum laude, mi papi y mi mami me mantienen mientras escribo la gran novela del siglo, no tengo un centavo, pero quieres ir al cine a ver la película que salió el jueves y que dicen que es tan buena, ah, y disculpa, pero tengo que decírtelo, eres hermosa, simplemente hermosa… En mis fantasías mi vecinita me diría: “Sí, me encantaría ir a ver esa película contigo, futuro Nobel de Literatura, y ji ji yo también pienso que eres guapo, hermoso”… Iríamos a ver la película, luego a comer y a mantener una amena conversación para después terminar haciendo varias posiciones interesantes mientras escucho sus dulces gemidos. Ella diría al final: “Fulanito, eres mi Dios”, mientras yo me fumo un cigarrillo con aires de indiferencia. Veo demasiada televisión. En realidad soy un tímido patológico y nunca, nunca, me atrevería abordar a mi vecinita, a ese tronco de hembra, arte mayor de Dios, diosa ella misma. Y si lo hiciera, ajá, sólo se reiría de mí. Sin contar que lo más probable debe tener novio. Una preciosura así es raro que esté sola. A menos que no le gusten los sino las… Sería interesante para la experiencia vital de un escritor tener un trisom con dos bellezas, sí, todo un culto venusiano… Debo dejar la pornografía. La vida sexual de un hombre no debe limitarse al onanismo o a contratar a las trabajadoras sexuales, perdonando el eufemismo. Estoy evitando las malas palabras porque escuché a Mami en la cocina y me da no sé que pudor utilizar un lenguaje obsceno. Pero que se joda joda joda puñeta coño y mamao que soy… Soy una persona adulta y puedo utilizar el lenguaje que se me venga en gana. ¿Estoy equivocado? Y no es malo, El Quijote está plagado de malas palabras. Si Cervantes puede, por qué yo no... Perdón, papá Cervantes, perdón. No vuelvo a compararme contigo, perdona mi pecado, mi blasfemia… Ven, ahora me siento como mierda. ¡Si soy agnóstico! No sé si Dios existe y de existir, no sería Cervantes. Claro, sería Corín Tellado. Lol, es una broma. Ni para comediante sirvo… Nada, ya se me ocurrió una historia. Pero, no, me dieron ganas de cagar. Si me voy a perfumar el baño se me olvida la historia. Mejor la resumo, para escribirla después:

Un hombre se despierta una mañana convertido en un monstruoso insecto luego de leer muchos libros sobre insectos e insecticidas y se va por ahí a impartir justicia insecteril y muere frente a un muro luego de decir preferiría no hacerlo…

Me cago, Dios, y me cago, sí, esto no es original. Es un espaguetti literario mal cocido. ¡Quiero morir!... Adiós, que me cago.



© Neftalí Omar Núñez, 30 de oct de 2008

2 comentarios:

  1. y lo peor es que lo firmas y reservas los derechos de autor... que cosas...

    Démian Frederick

    ResponderEliminar
  2. Qué cosas, Demian... Such is life, a pesar de que la mierda es patrimonio de la humanidad.

    ResponderEliminar