jueves, 25 de septiembre de 2014















Sucede que me canso de ser hombre,
que quisiera ser un pájaro
y tener el alimento,
aunque sean mocosos gusanos,
al alcance de cualquier
pedazo de tierra.

Coño,
volar,
y no tener que pensar
en que no tengo dinero
para una cajetilla de Winston Menthol
ni para comprar nuevos libros
póstumos de Bolaño.
Y ni se diga
para sacar a mi novia a pasear
y bajo la escrutadora mirada de múltiples espejos
gozar de su cuerpo.

Quisiera ser un pájaro
para no tener este cerebro
de IQ ligeramente superior
que solo me permite pensar;
qué digo pensar,
filosofar
acerca de mi fracaso;

de todo lo que pudo haber sido
y no fue,
que no es.
Que solo me permite filosofar
acerca de la fragilidad
de las cosas humanas,
de que todo,
absolutamente todo,
termina chorreándose
como los relojes de Dalí,
sobre todo la esperanza
y la idea de un Dios
y de justicia póstuma,
con conciencia,
que conlleva.

Sí,
quisiera ser un pájaro
y volar,
aunque termine devorado
por una muerte con forma de gato.


                                                                                 (2011)





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